lunes, 12 de diciembre de 2011

jueves, 1 de diciembre de 2011

SIN BILLETE DE VUELTA

La vida es un viaje sin billete de vuelta; ésto es algo natural y no tiene remedio. Pero cuando son los humanos los que influyen en los viajes vitales, nace la historia. Un famoso proverbio latino lo transformo en pregunta ante un relato como éste: "¿Es el hombre lobo para el hombre?". Tras la lectura saque su propia conclusión.





domingo, 27 de noviembre de 2011

domingo, 13 de noviembre de 2011

FREUD AL Dr. PUTNAM

"Cuando me pregunto por qué me he esforzado siempre en ser honrado, condescendiente e incluso bondadoso con los demás y por qué no desistí al notar que esto sólo me acarreaba perjuicios y contradicciones, pues los otros son brutales e impredecibles, no tengo una respuesta."

viernes, 4 de noviembre de 2011

TROZOS DE CARNAVAL

"Si tengo que morir

no quiero nada más

que estar cerca de tí

luchando por la libertad

esa que tú, supiste dar.

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Ante el mundo esta es mi voz

al que te cause dolor:

¡Viva mi tierra!, gritaré

que aunque me maten,

¡Viva! qué…

morir así que hermoso es.

ANTONIO MARTÍN"

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"Una flor en escombro nació

y la trasplante a otro lugar

y a pesar que la tierra es mejor

al momento la flor murió

porque el escombro era su hogar.

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Eso mismo le suele ocurrir

al que sale de su aldea natal

la nostalgia no deja vivir

y si no vuelve a su país

nunca feliz jamás será.

PACO ALBA"

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"Antiguamente las chavalas

cogían tagarninas

pero ahora se pintan las uñas

hasta con purpurina.

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Se van “pal” pueblo

que ya tiene hasta una discoteca

y al luego se ponen “jipatas”

de pan con manteca.

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Al novio no le dicen novio

le dicen amigo;

y enseñan hasta las pelusas

que tiene el ombligo.

PACO ALBA"

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"No hay fruta como el plátano

tan buena para cenar

aunque de noche muchas mujeres

se lo comen sin pelar.

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Hay otras cuando se acuestan

hasta se echan a llorar

porque el plátano maduro

ya no les sirve “pa” na.

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¡Ay, mamá!

Yo, ya no puedo más

¡ay que disgusto!

que poco gusto

tiene el plátano ya.

LOS MONOS SINVERGÜENZAS"

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"Chirigotero por ti,

comparsista por ti,

mamarracho por tus carnavales.

Hay quién sin llevar careta

es mamarracho desde que

lo parió su “mare”.

PEDRO ROMERO"

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"El día que yo me muera

me gustaría simplemente

que al verme pasar dijeran:

Ahí va fulano, que “güena gente”.

PEDRO ROMERO"

domingo, 30 de octubre de 2011

EL VERDADERO VALOR DE ANILLO

Vengo maestro, porque me siento tan poca cosa que no tengo ganas de hacer nada. Me dicen que no sirvo, que no hago nada bien, que soy torpe y bastante tonto. ¿Cómo puedo mejorar? ¿Qué puedo hacer para que me valoren más?

El maestro, sin mirarlo, le dijo:

-Cuánto lo siento, muchacho. No puedo ayudarte, ya que debo resolver primero mi propio problema. Quizá después…

Y, haciendo una pausa, agregó:

-Si quisieras ayudarme tú a mí, yo podría resolver este tema con más rapidez y después tal vez te pueda ayudar.

-E… encantado, maestro –titubeó el joven, sintiendo que de nuevo era desvalorizado y sus necesidades postergadas.

-Bien –continuó el maestro. Se quitó un anillo que llevaba en el dedo meñique de la mano izquierda y, dándoselo al muchacho, añadió: -Toma el caballo que está ahí fuera y cabalga hasta el mercado. Debo vender este anillo porque tengo que pagar una deuda. Es necesario que obtengas por él la mayor suma posible, y no aceptes menos de una moneda de oro. Vete y regresa con esa moneda lo más rápido que puedas.

El joven tomó el anillo y partió. Apenas llegó al mercado, empezó a ofrecer el anillo a los mercaderes, que lo miraban con algo de interés hasta que el joven decía lo que pedía por él.

Cuando el muchacho mencionaba la moneda de oro, algunos reían, otros le giraban la cara y tan solo un anciano fue lo bastante amable para tomarse la molestia de explicarle que una moneda de oro era demasiado valiosa como para entregarla a cambio de un anillo. Con el afán de ayudar, alguien le ofreció una moneda de plata y un recipiente de cobre, pero el joven tenía instrucciones de no aceptar menos de una moneda de oro y rechazó la oferta.

Después de ofrecer la joya a todas las personas que se cruzaron con él en el mercado, que fueron más de cien, y abatido por su fracaso, montó en su caballo y regresó.
Cuánto hubiera deseado el joven tener una moneda de oro para entregársela al maestro y liberarlo de su preocupación, para poder recibir al fin su consejo y ayuda.
Entró en la habitación.

-Maestro –dijo-, lo siento. No es posible conseguir lo que me pides. Quizá hubiera podido conseguir dos o tres monedas de plata, pero no creo que yo peda engañar a nadie respecto del verdadero valor del anillo.

-Eso que has dicho es muy importante, joven amigo –contestó sonriente el maestro-. Debemos conocer primero el verdadero valor del anillo. Vuelve a montar tu caballo y ve a ver al joyero. ¿Quién mejor que él puede saberlo? Dile que desearías vender el anillo y pregúntale cuanto te da por él. Pero no importa lo que te ofrezca; no se lo vendas. Vuelve aquí con mi anillo.

El joven volvió a cabalgar.

El joyero examinó el anillo a la luz del candil, lo miró con su lupa, lo pesó y luego le dijo al chico:
-Dile al maestro, muchacho, que si quiere vender ya mismo, no puedo darle más de cincuenta y ocho monedas oro por su anillo.

-¿Cincuenta y ocho monedas? –exclamó el joven.

-Sí –replicó el joyero-. Yo sé que con tiempo podríamos obtener por él cerca de setenta monedas, pero si la venta es urgente…

El joven corrió emocionado a casa del maestro a contarle lo sucedido.

-Siéntate –dijo el maestro después de escucharlo-. Tú eres como ese anillo; una joya, valiosa y única. Y como tal, sólo puede evaluarte un verdadero experto. ¿Por qué vas por la vida pretendiendo que cualquiera descubra tu verdadero valor?

Y, diciendo esto, volvió a ponerse el anillo en el dedo meñique de su mano izquierda.

Joge Bucay

viernes, 28 de octubre de 2011