miércoles, 30 de diciembre de 2009

LABOR DE AMOR

Este relato lo escuché hace tiempo, y creo que es adecuado para estas fechas que festejamos:

“Un monje se encontraba labrando, en el huerto del monasterio, cuando se le apareció un ente celestial. El monje le miró y el Ente inclinó la cabeza hacia la derecha.

- Hoy llevo labrado toda esta parte y sólo me queda ese trozo, -comentó el monje- me gustaría terminar la labor encomendada antes de partir, y no dejársela a mis compañeros. Sólo es un momento.

El Ente desapareció.

Al cabo de dos años se encontraba en la cocina cuando volvió a aparecer, e hizo la inclinación de la cabeza.

- Sólo me queda por fregar esos cuantos platos, espera sólo un momento. –Volvió a comentarle el fraile.

Y el Ente, volvió a desaparecer.

Al cabo de otros dos años se repitió la escena, esta vez en el corredor de las celdas mientras barría.

- Me queda esta zona y el pasillo contiguo por limpiar, permitemé terminar.

Ocurrió como las otras veces, pero esta vez el espíritu celestial se desvaneció para no volver a aparecer.

Los años fueron pasando, y una noche al regresar a la celda y tenderse en su camastro para dormir, se sintió más cansado que nunca.

- Ya ha llegado el momento de partir –se dijo-. E invocó al Ente.

El monje sonrió al verle aparecer.

- Toda mi labor está cumplida, ya estoy preparado para ir al Cielo.

- ¿Dónde crees que has estado? –Le comentó el ente celestial.”

domingo, 27 de diciembre de 2009

EN PREESCOLAR

Todo lo que realmente necesitaba saber acerca de cómo vivir, qué hacer y cómo ser lo aprendí en la etapa de preescolar. La sabiduría no estaba en la cima de la montaña, al final de la carrera educativa, sino allí, en el patio de recreo de la guardería o del colegio. Estas son las cosas que aprendí:

a compartirlo todo y a jugar limpio.

a no herir y a no pegar a los demás,

a limpiar y colocar las cosas, una vez usadas, en el lugar donde habían sido halladas,

a no quedarme con las cosas que no me eran propias,

a disculparme cuando trataba mal a alguien,

a “tirar de la cadena” y la higiene básica,

a lavarme las manos antes de comer y a comer de todo,

a aprender y pensar, dibujar y pintar, cantar y bailar, jugar y trabajar un poco todos los días,

a saludar a los compañeros y la regla de oro: el amor.

Cuánto mejor sería el mundo si todos siguiéramos el estilo de vida de la etapa preescolar.

ROBERT FULGHUM

viernes, 25 de diciembre de 2009

25 DE DICIEMBRE

El origen de esta celebración se remonta a la época romana. En aquellos días era una fiesta solar pagana que se hacía para conmemorar el nacimiento de algunos dioses, como Mitra, Apolo, Baco o Krisna. La fiesta se cristianizó cuando los primeros seguidores de Cristo buscaron una fecha idónea para celebrar su nacimiento, que, según los tratados de Clemente de Alejandría tuvo lugar en primavera.
En el año 354 el Papa Liberio convirtió el 25 de diciembre en el día de la Natividad del Señor. Así consiguió un doble objetivo: celebrar la Navidad, y absorber en ella y cristianizar las demás fiestas paganas. Los primeros cristianos asumieron parte de los antiguos ritos solares, manteniendo el protagonismo del astro.


FELICES FIESTAS A TODOS, aunque sean pasadas por agua.

miércoles, 23 de diciembre de 2009

EL TURRÓN Y EL CHAMPÁN


Sobre el origen del turrón hay dos versiones muy similares. La primera data de 1703 y se sitúa en Barcelona, en cuarentena por la peste. Fue entonces cuando un pastelero catalán, Pablo Turrons, ideó este producto, que aportaba nutrientes durante bastante tiempo. Según la otra versión, el turrón nació en 1714, durante el asedio de Barcelona por las tropas de Felipe V. Sea como sea, a partir de entonces este dulce empezó a utilizarse para celebrar las fiestas y, más tarde, la Navidad. El champán se atribuye, de forma equivocada, al monje francés Dom Perignon, que vivió en el siglo XVI. Sin embargo, las últimas versiones atribuyen esta bebida a los nobles ingleses del siglo XVII. Éstos, durante las largas travesías que realizaban en barco, convirtieron por fermentación un vino espumoso en champán. Más tarde, los franceses lo mejoraron y, en 1872, los españoles crearon el primer cava.

martes, 22 de diciembre de 2009

EL ÁRBOL DE NAVIDAD Y EL BELÉN


El árbol procede del culto a los espíritus de la naturaleza propio de las culturas indoeuropeas; fue cristianizado en Alemania, en el siglo VIII, para emular a los árboles del paraíso terrenal. En un principio, sólo se utilizaban pinos, pero más tarde se introdujeron también abetos.
Durante los primeros siglos se decoraban con manzanas, pero en el siglo XVI empezaron a adornarse también con velas encendidas. Las bolas aparecen en el siglo XVIII y son fruto del trabajo artesano de los sopladores de vidrio de Bohemia. Martín Lutero fue quien impuso la presencia de los árboles en los hogares protestantes. Como reacción, los católicos adoptaron la costumbre del belén. El Nacimiento, según la leyenda, se debe a San Francisco de Asís, quien, en el año 1223, colocó en la Toscana un pesebre con paja, un asno y un buey vivos, junto a figuras que representaban a la Virgen María, San José y el Niño.

lunes, 21 de diciembre de 2009

DAR GATO POR LIEBRE


Antiguamente, las hospederías gozaban de una dudosa fama, sobre todo en materia de viandas. La literatura está plagada de alusiones a este particular. Entre otras acusaciones, los venteros eran a menudo sospechosos de echar un asno en adobo y venderlo como ternera, y de servir platos cuyo contenido no se sabía si era conejo, liebre, cabrito o gato. Era tanta la desconfianza en estos establecimientos que llegó a hacerse habitual entre los comensales la práctica de un conjuro previo a sentarse a comer. Puestos de pie, los clientes recitaban así delante del asado:

Si eres cabrito,
mantente frito;
si eres gato,
salta del plato.

Una de las estafas más comunes era dar carne de gato por la de liebre. De ahí que este dicho se utilice cuando se intenta engañar en la calidad de una cosa por medio de otra inferior que se le asemeja.

domingo, 20 de diciembre de 2009

LOS VILLANCICOS

Se remontan a la Edad Media y proceden de poemas amorosos, cortesanos y profanos del siglo XV. Se llaman así porque los villanos los cantaban por las villas. En general, eran composiciones procaces y eróticas que, con el tiempo, fueron cambiando sus letras por otras de contenido exclusivamente religioso.